Quince céntimos bastaron para que Irlanda dejara de llevarse bolsas de plástico
No hubo campaña de culpa ni prohibición. Hubo un precio pequeño en la caja, y el gesto de coger una bolsa dejó de ser automático.

Recreación ilustrativa · no documenta el caso
Un precio en el mostrador
El 4 de marzo de 2002, Irlanda empezó a cobrar 15 céntimos por cada bolsa de plástico que se daba en las tiendas. No era una multa ni una prohibición: era un precio que el cliente veía en el ticket. Más tarde subió a 22 céntimos.
Lo que pasó
El uso de bolsas cayó del orden de un 90 %, según el análisis publicado por economistas del University College Dublin en Environmental and Resource Economics. Los ayuntamientos lo notaron en la calle: las bolsas dejaron de ser parte del paisaje de setos y cunetas. La gente no cambió por un sermón, sino porque el gesto dejó de ser gratis y, por tanto, automático.
Lo que no resolvió
No todo fue ahorro. Parte de esas bolsas se usaban en casa como bolsas de basura, y las ventas de bolsas para el cubo subieron. El plástico no desapareció entero: cambió de forma. Aun así, el caso irlandés se convirtió en uno de los ejemplos más citados de Europa sobre cómo cambiar un hábito con un precio pequeño.
A veces no hace falta convencer a nadie. Basta con que lo que dábamos por gratis enseñe que tiene un coste, por pequeño que sea.

