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Diseño y materiales

El hormigón romano se reparaba solo, y en el MIT descubrieron cómo

Unos puntos blancos que se tomaban por un fallo de mezcla resultaron ser el secreto. Llevan dos mil años cerrando grietas.

Imagen ilustrativa generada; no documenta el caso. Primerísimo plano de un fragmento roto de hormigón romano antiguo: la cara de rotura muestra grava gris y varios clastos de cal blancos y redondeados de pocos milímetros, y una grieta fina que atraviesa la pieza y está rellena de cristales blancos brillantes.

Recreación ilustrativa · no documenta el caso

El fallo que no era un fallo

En el hormigón romano aparecen pequeñas manchas blancas, de unos milímetros, que durante mucho tiempo se atribuyeron a una mezcla descuidada. Un equipo del MIT, dirigido por el profesor Admir Masic, las estudió de cerca: son clastos de cal, y su forma indica que se formaron a temperaturas muy altas.

Mezclar en caliente

Según el estudio, publicado en Science Advances en enero de 2023, los romanos usaban cal viva, que reacciona con calor al mezclarse. Esos clastos quedan como pequeñas reservas de calcio. Cuando se abre una grieta, tiende a pasar por ellos; el agua disuelve el calcio, que vuelve a cristalizar como carbonato y la rellena. El equipo lo probó: fabricó hormigón así, lo agrietó y dejó pasar agua. En dos semanas, las grietas se habían cerrado. La muestra sin cal viva no se reparó.

Una pista para hoy

Fabricar cemento genera mucho CO2, así que un hormigón que dura más significa construir menos veces. El equipo plantea llevar la idea a los hormigones de hoy. La lección es tan antigua como el Panteón: lo que dura no es lo que no se rompe, sino lo que sabe repararse.

Durante siglos llamamos defecto a lo que era una solución. Hay inventos que no están por hacer, sino por entender.

Otras miradas