La bacteria que aprendió a comerse las botellas
Llevamos décadas fabricando un plástico que la naturaleza no sabía digerir. Hasta que alguien buscó en el sitio más lógico: donde más plástico había.

Recreación ilustrativa · no documenta el caso
Buscar donde está el problema
El PET es el plástico de la mayoría de botellas de agua y refrescos. Durante años se pensó que casi ningún organismo podía descomponerlo. Un equipo japonés decidió buscar en el lugar más evidente: una planta de reciclaje de botellas de PET en Sakai. De sus muestras aislaron una bacteria que bautizaron Ideonella sakaiensis.
Lo que hace
Según el estudio, publicado en Science en 2016, esa bacteria usa el PET como su principal fuente de energía y de carbono. Lo consigue con dos enzimas: una que rompe el plástico y otra que termina el trabajo, hasta dejar los dos ingredientes básicos con los que se fabricó. Es decir, deshace el plástico en sus piezas.
De la sorpresa al taller
La bacteria, por sí sola, es lenta y trabaja en condiciones de laboratorio: no va a limpiar el mar. Su valor está en lo que enseñó. En 2020, un equipo de Toulouse con la empresa Carbios publicó en Nature una enzima mejorada que deshacía el 90 % del PET de envases usados en 10 horas, y con lo obtenido volvieron a fabricar botellas. Lo que parecía una curiosidad de una planta de reciclaje se ha convertido en una forma nueva de reciclar.
A veces la respuesta no estaba lejos, sino exactamente donde estaba el problema. Sólo hacía falta mirar ahí con otra pregunta.

